
Arcano Mayor XV
El Diablo
Sombra, tentación e ilusión de cautiverio
Las cadenas que nos aprisionan suelen colgar sueltas. Las llevamos porque el precio nos seduce: placer efímero, estatus o mera seguridad. Es la trampa de la comodidad.
Introducción
El Diablo es uno de los arcanos más provocadores. No representa el "mal" bíblico, sino nuestra Sombra psicológica: deseos reprimidos, instintos y apegos materiales. Es el espejo de lo que nos negamos a ver en nosotros mismos.
Esta carta grita falta de libertad, pero encierra una paradoja: la jaula suele estar abierta. El Diablo juega con nuestros miedos y sed de poder, creando la ilusión de un callejón sin salida. Sin embargo, confrontarlo es la única vía para integrar nuestra fuerza primaria y recuperar el poder personal.
Amor y relaciones
Pasión fatal. Química irresistible pero tóxica. Codependencia, celos, manipulación. Vínculos basados en el sexo o el interés, no en el amor. Te sientes atado aunque duela.
Carrera y trabajo
Ambición desmedida. "El fin justifica los medios". Corrupción o intrigas. La "jaula de oro": odias tu trabajo pero temes perder el estatus. Adicción al trabajo.
Dinero y finanzas
Codicia. Obsesión por la riqueza. Deudas que asfixian. Tratos turbios. Lo material ha eclipsado tus valores. Peligro de trampas financieras.
Camino espiritual
La gran tentación. Enfrentar la propia Sombra. Orgullo espiritual o materialismo disfrazado de espiritualidad. Es vital no jugar al santo y reconocer tu oscuridad.
Conclusión
El Diablo no es un enemigo, sino un maestro severo. Revela nuestra fragilidad. Si lo miramos a los ojos sin parpadear, recuperamos nuestro poder. Su lección final es la libertad absoluta de elección.
Acepto mis sombras. Soy libre para elegir mi destino.